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  • Separarnos bien para que ganen los hijos

    Cualquier proceso de separación en mayor o menor medida conlleva cierta dosis de estrés y dolor para todos los miembros de la familia, en especial para los hijos habidos en esa unión de pareja.

    Los hijos podrán llevar y transitar de forma más o menos harmónica el proceso de ruptura de sus padres y futura reorganización familiar en función de cómo sean acompañados cuidados y protegidos por sus padres.

    Poner la mirada y el foco en las necesidades de los hijos es una de las cosas más necesarias en este tipo de procesos, ya que ellos tienen que sentir que no pierden, que siguen teniendo a sus padres por igual a pesar que la unión sentimental se haya disuelto.

    Por mi experiencia profesional he podido ver cómo las emociones se acostumbran a apoderar de este tipo de procesos, nublando la necesaria objetividad, buen hacer y sentido común, que debe seguir marcando al equipo de padres que sí debe permanecer unido para siempre.

    Si crees que tienes dificultades para llegar a acuerdos en tu proceso de separación o divorcio consulta en el apartado de Servicios de mi página web, dónde te detallo cómo te puedo acompañar como experta en este campo.

  • Coger la mano

    En la vida no siempre es fácil saber cuál es la mano correcta para recibir ayuda. En nuestro entorno, a veces podemos llegar a ver muchas manos (como en la foto), si bien en ocasiones nos cuesta saber, identificar o discernir si realmente esa mano tendida nos quiere ayudar verdaderamente o esconde algún otro interés.

    También hay personas que por sus experiencias pasadas les cuesta confiar en la figura del terapeuta, y de si el psicólogo que he escogido verdaderamente siente un interés real y genuino por el malestar que les lleva a consulta.

    La clave reside en función de las experiencias de fracaso con las que el paciente cuente en su etapa vital. En este sentido, más rápidamente se le activará el sensor interno de que tampoco le voy a importar a mi terapeuta. Si en mi historia se han interesado por mi, por mis cosas y por mis emociones, tenderé a sentir que importo a los demás, y por tanto habrá menos posibilidades que se instale la desconfianza en el marco de la terapia.

    Desafortunadamente a terapia acuden personas con historias de vida muy adversas, que nunca (o pocas veces) han contado con experiencias de ser valiosos para sus seres cercanos. En esta línea, para este tipo de pacientes será un hándicap el poder llegar a construir un marco de relación distinto, de confort y seguridad, también con su psicólogo.

    La función del psicólogo es también estar atento a dichas señales de posible desconfianza del paciente, para trabajarlas.

    Empieza tu proceso, ¡No lo detengas!

  • El poder del abrazo

    Un abrazo de duración considerable (al menos 20 segundos) dispara la producción de oxitocina, serotonina y endorfinas. Dichas hormonas están íntimamente ligadas con la sensación de bienestar.

    En situaciones de estrés, tristeza o abatimiento un abrazo de aquélla persona a la que queremos y que nos transmite confianza y confort, puede llegar a minimizar los altos niveles de cortisol (hormona principal relacionada con el estrés).

    Hay personas que buscan los abrazos, que saben del poder terapéutico de éstos, y no prescinden de ellos en su día a día. Sin embargo hay personas a las que les cuesta abrazar, ya que la cercanía les supone intimidad, y con ello se les despiertan fantasmas de vínculos no resueltos, dónde no fueron queridos o reconocidos.

    En la terapia hay psicólogos muy reticentes a abrazar a sus pacientes, y otros que abogan por este recurso al finalizar la sesión, como herramienta de cercanía, comprensión, unión y cierre de los temas tratados en la terapia. El abrazo en terapia puede implicar que el paciente reciba un mensaje de «estoy aquí para ti, te sostengo y te comprendo«.

    Hay que abrazar más a nuestros seres queridos, y llenarnos de la felicidad que supone no sentirnos solos.

    Empieza tu proceso, ¡No lo detengas!

  • ¿Estoy pasando por una depresión post parto?

    La Depresión post parto (DPP) es un trastorno mental de alta prevalencia que padecen entre el 10 y el 20% de mujeres en su etapa de puerperio. Suele comenzar entre la cuarta y la octava semana después del parto y se intensifican los síntomas en los primeros seis meses después de haber dado a luz.

    Hay que diferenciar entre la melancolía o tristeza que se experimenta en los primeros quince días después del parto «baby blues» de la DPP, que conlleva síntomas y cambios en la mujer (psicológicos, emocionales, cognitivos, conductuales y físicos) más agudos y que se extienden en el tiempo. Por este motivo es importante diferenciar y detectar la DPP a tiempo, para aplicar el tratamiento profesional más adecuado, y que no afecte al vínculo madre- bebé.

    Hay muchas mujeres que sufren depresión post parto en silencio, manteniéndose como un tabú social el poder explicar cómo se sienten. La culpa suele ser una de las emociones de base que acompaña a estos procesos, ya que las recientes madres chocan frontalmente con la idea de que tener un bebé siempre debe ser motivo de dicha y alegría.

    En estos casos el apoyo y comprensión de la familia más cercana es fundamental, para que la mujer pueda abrirse y no sentirse juzgada por lo que está sintiendo.

    El tratamiento precoz de la mayoría de DPP tienen buen pronóstico, y en caso de ser necesario también el tratamiento combinado psicológico y farmacológico.

    Os dejo una lectura para ayudar a entender a las mamás que transitan este camino.

    «Más allá de la melancolía«

  • El ambiente siempre importa

    Tanto la gente como las situaciones de la que nos rodeamos siempre importan y pueden declinar claramente nuestra balanza emocional hacia tener más o menos equilibrio y bienestar; así como calidad de vida. Hay relaciones interpersonales de las casi nunca nos cuestionamos si podemos salir, si bien en función del estrecho vínculo nos resulta complejo prescindir de ellas, o incluso pensar que tenemos derecho a dejarlas.

    Las relaciones familiares y de pareja son las más difíciles que podamos entrar a cuestionar, tanto por el grado de intimidad de la misma relación como por el significado que pueden llegar a tener en nuestra vida y mundo emocional.

    Si bien a la hora de decidir si una relación nos hace bien o mal tendríamos que poder analizarla más allá del grado de intimidad que tengamos con esas personas, y que este factor más personal no nos haga sentir culpables ni determine nuestro análisis sobre la conveniencia de poner la distancia necesaria e incluso cortar si se requiere dichas relaciones.

    Empieza tu proceso, ¡no lo detengas!

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